martes, julio 23, 2024
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Misterio para la inauguración de los Olímpicos

En un enorme hangar transformado en sala de ensayo, los bailarines calientan sus músculos antes de lanzarse a una coreografía secreta, que será presentada en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París.

La música tiene aires épicos, la ceremonia del 26 de julio será «espectacular», aseguran los organizadores. Por ahora nada o casi nada ha sido revelado.

El Comité Organizador de los Juegos mantiene en secreto todos los detalles.

Solo un puñado de periodistas pudo asistir a principios de junio a unos minutos de un ensayo de una de los escenas. La cita era en un hangar en las afueras de París.

PARA LA INAUGURACIÓN: 3.000 BAILARINES

Los neones y una bola de discoteca con espejos contrastan con el aspecto industrial de este lugar deteriorado pero inmenso.

Dado que la ceremonia de apertura se celebrará por primera vez fuera de un estadio, a lo largo de 7 kilómetros en las orillas del Sena, fue necesario adaptarse y encontrar un lugar capaz de acoger a grandes grupos de bailarines para los ensayos.

En total más de 3.000 bailarines participarán en el espectáculo.

Para este ensayo se han presentado medio centenar. La escena en concreto requiere alrededor de 400 bailarines.

«Se requiere una verdadera organización, pero lo estamos logrando», se entusiasma la coreógrafa Maud Le Pladec, a cargo de la danza para todas las ceremonias de los Juegos.

La organización es milimétrica, ya que los bailarines deben ensayar en pequeños grupos: ningún lugar es lo suficientemente grande, en esta etapa, para acogerlos a todos.

La tarea es titánica porque la ceremonia contará con una decena de escenas.

Con un chándal negro y zapatillas del mismo color, la coreógrafa se coloca frente a sus bailarines.

El ensayo comienza con buen ánimo, no hay tiempo que perder.

Le Pladec se dirige a ellos en inglés, muestra los movimientos una vez, luego una segunda, antes de cederles el turno.

La música resuena, sin poder enmascarar el ruido de los pasos que se deslizan sobre el suelo. Energético, este pasaje de la coreografía se encadena en una mezcla de relajación y rigor.

Los gritos de aliento son vigorosos, al mismo tiempo que se ejecutan los movimientos.

«¡Excelente, da ganas de seguir!», lanza el presidente del comité organizador, Tony Estanguet, que ha entrado discretamente en la sala. A pocos metros también está Thomas Jolly, el director artístico de los Juegos.

La ceremonia de apertura mostrará «la danza en toda su diversidad», revela la coreógrafa.

El objetivo, confiesa, es lograr un cruce entre el «break dance», la danza contemporánea y la danza clásica.

«No habrá un puente (en París) donde no haya bailarines«, asegura.

No importa el estilo o el lugar, para Louise Demay, de 25 años, bailar para los Juegos era un sueño «de niña» que se hará realidad.

Más pragmático, Guilbeaud Manuarii, de 19 años, confiesa que se presentó a las audiciones por «la paga», que «no es muy alta», añade, cuando se le pregunta la cantidad.

Admite sentir un poco de nervios, pero estar en sintonía con la coreografía «bastante deportiva».

¿Habrá una parte más clásica, de ballet? ¿Cómo serán los trajes? ¿Cuándo será el ensayo general? A todas estas preguntas, la misma respuesta de los participantes: «No podemos decir nada«.

«Incluso los bailarines no conocen todos los secretos», señala Le Pladec.

Se han realizado todas las pruebas de viabilidad. Aunque fue necesario readaptar y cambiar elementos marginales, el proyecto inicial sigue su curso.

«Desde mediados de marzo, se está concretando: las coreografías, el vestuario, la música… ¡Lo logramos!», asegura.

Con información de Excélsior.

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