viernes, mayo 17, 2024
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Maryse Condé, fallece la aclamada escritora francófona

La aclamada escritora francófona Maryse Condé falleció la noche del lunes, a los 87 años, en un hospital del Vaucluse, al sur de Francia, tras una larga enfermedad neurodegenerativa que ella misma bautizó como “enfermedad de Boucolon”.

Condé abordó con profundidad temas como la esclavitud, la identidad, la condición de la mujer, la oralidad como rasgo de identidad de los pueblos poscoloniales, las múltiples identidades negras, el colonialismo y el poscolonialismo.

«Condé es una autora que durante los últimos años estuvo en el top cinco del Premio Nobel de Literatura y con ella se pierde una voz única, una de las mejores representantes de la literatura en lengua francesa que escribía desde una perspectiva absolutamente personal”, comentó a Excélsior Enrique Redel, editor de Impedimenta, quien adelantó que en enero de 2025 publicará la traducción de Victoire: la madre de mi madre, una biografía sobre su abuela, una mujer humilde que influyó en su manera de ver el mundo.

Es autora de Corazón que ríe, corazón que lloraLa vida sin maquillaje Yo, Tituba, la bruja negra de Salem, traducidos al español por Martha Asunción Alonso y publicados por editorial Impedimenta, así como Heremakhonon, Una estación en Rihata y Segu, su mayor éxito de ventas, donde reflexiona sobre el imperio bambara en el siglo XIX, en Mali.

«La muerte de Condé es una pérdida muy dura, ella estaba muy enferma, pero no esperábamos que fuese así, porque tenía una mala salud de hierro, es decir, estaba enferma, pero seguía escribiendo y todos los días le dictaba sus textos a su marido, así que trabajó hasta el último momento”, detalló.

¿Qué podría destacar de la prosa de Condé? “Su voz es irrepetible y su prosa es una extraña mezcla entre comedia y tragedia.

Era capaz de afrontar las realidades más crudas, como el exilio, de la gente que evoca su identidad o quienes han perdido a sus seres más queridos, pero con un talante luminoso. Se trata de una autora que afrontaba el drama de la vida de una forma optimista.

«Su último libro (El evangelio del nuevo mundo) –que le dictó a su marido, al no poder escribir, porque ya no podía ver ni sostener un bolígrafo– lejos de afrontar la muerte o la destrucción de su cuerpo, es un libro luminoso, incluso cómico, sobre una especie de Jesucristo negro que se mueve en América y que tiene una serie de apóstoles que son gente como del pueblo antillano”, apuntó.

¿Fue una mujer comprometida con la negritud? “Hay una anécdota al respecto. Ella perteneció a una familia de la buena sociedad guadalupense.

Su madre fue la primera profesora de raza negra en la isla y su padre fue dueño de un banco, así que pertenecían a lo que ella llamaba una raza de supernegros.

«En su infancia, ella salía muy poco de Pointe-à-Pitre (comuna francesa del archipiélago antillano de Guadalupe), su ciudad natal, así que no conocía las circunstancias de su raza, pero cada determinado tiempo su familia viajaba a París y ella recordaba que le resultaba raro la forma como la miraban, hasta que se dio cuenta de que era negra y esto la marcó, porque no sabía si era francesa o guadalupeña”.

Finalmente, el editor sugirió leer la obra de Condé en orden biográfico. “Empezaría con Corazón que ríe, corazón que llora, que son sus memorias de infancia; seguiría con La vida sin maquillaje donde cuenta cómo se convierte en activista y madre soltera, su viaje a África, cómo conoce al Che Guevara y a los grandes libertadores de África.

«Continuaría con La deseada, una historia preciosa de una niña que tiene una madre ausente, quien acaba en EU tocando en una orquesta; Yo, Tituba, la bruja negra de Salem, que es su obra maestra, en la que narra la historia de la esclava del siglo XVII que dio lugar a los juicios de Salem en Massachusetts, para luego seguir con El evangelio del Nuevo Mundo o Historia de la mujer caníbal.

Nacida en 1937 en Pointe-à-Pitre, Condé se mudó a París con 16 años para estudiar en La Sorbona, trabajó en África y vivió en Estados Unidos, donde enseñó en las universidades de Berkeley, Harvard y Columbia, en donde abrió y dirigió un centro de estudios francófonos.

Con información de Excélsior.

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