Habitantes de Haití sobreviven a la escasez de combustible, violencia y ahora también la cólera

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Foto: The New York Times

Junior Pierre conduce una mototaxi en Puerto Príncipe, Haití, y, desde hace ya cuatro meses, se enfrenta a la falta de gasolina y al pago de precios desorbitados en el mercado negro.

Él es un ejemplo de cómo los haitianos sobreviven a la escasez de combustible, la violencia de las bandas armadas y ahora también al cólera.

Sin rastro de combustible

La falta de carburante en Haití afecta a todos los sectores: varios centros comerciales, empresas de servicios y hospitales han comunicado el cierre de sus puertas o han adoptado horarios restringidos, aunque prometen recuperar la normalidad cuando se resuelva el problema.

Pese a que hace unas dos semanas el primer ministro haitiano, Ariel Henry, anunció que los combustibles, cuyos precios se duplicaron en menos de un año, estarían disponibles en los surtidores, la realidad muestra todo lo contrario. Y la escasez persiste.

Falta de agua potable pese al cólera

Ante esta situación, las autoridades se ven impotentes y va en aumento el mercado negro de combustible, que puede llegar a alcanzar los cinco mil gourdes el galón (40 dólares).

Ello repercute en todos los sectores. Este es el caso de la producción y distribución de agua potable, dado que depende de unos carburantes cada vez más escasos.

Algo en extremo preocupante ante la reaparición del cólera en Haití, enfermedad solo controlada desde 2019 tras la gran epidemia surgida poco después del terremoto de 2010 y cuyo origen estuvo presuntamente en un vertido de residuos fecales a un río por parte de cascos azules desplegados en el país, con el resultado de 520 mil personas infectadas y la muerte de al menos siete mil.