El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, denunció ante la Organización de las Naciones Unidas el efecto devastador del bloqueo energético impuesto contra la isla, calificándolo como un castigo colectivo que busca asfixiar la economía y quebrar la resistencia del pueblo.
La llegada del buque ruso Anatoly Kolodkin con 100 mil toneladas de combustible fue celebrada como un hecho extraordinario, precisamente porque en el contexto actual un acto común entre naciones soberanas se convierte en símbolo de supervivencia.
El mandatario señaló que impedir la llegada de combustible constituye una violación flagrante de los derechos humanos y de la libertad de comercio internacional. Recordó que Cuba enfrenta cortes prolongados de electricidad, desabastecimiento de agua y gas licuado, lo que afecta directamente la vida cotidiana de las familias.
Más de 96 mil personas esperan cirugías, incluidos 11 mil niños, mientras miles de pacientes de radioterapia y hemodiálisis ven interrumpidos sus tratamientos por la falta de estabilidad energética.
El presidente subrayó que las consecuencias del bloqueo trascienden las cifras; el agotamiento físico y psicológico, la posposición de proyectos de vida y la precariedad diaria son parte de una política que busca rendir al pueblo por hambre y enfermedad.
La educación también se ha visto afectada, con escuelas y universidades obligadas a recurrir a modalidades semipresenciales, mientras el transporte público y privado permanece prácticamente paralizado.
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