Una revisión forense independiente sobre la muerte del ícono del grunge Kurt Cobain —líder de Nirvana— ha resucitado el debate sobre las circunstancias de su fallecimiento en abril de 1994, al sugerir que la versión oficial de suicidio podría ser errónea.
La investigación, liderada por la especialista Michelle Wilkins y el forense Brian Burnett, se basó en el análisis de fotografías de la escena, la autopsia original y otros datos del caso y plantea que varias inconsistencias podrían indicar que Cobain no se suicidó. Entre los elementos cuestionados están el alto nivel de heroína en su organismo —que según los investigadores lo habría incapacitado antes de un disparo—, la disposición “demasiado ordenada” de objetos en la escena, patrones en las manchas de sangre y detalles del arma y la nota encontrada junto al cuerpo.
Según el informe, estos hallazgos habrían sido interpretados por el equipo independiente como indicios de que el cantante pudo haber sido forzado a una sobredosis de heroína y posteriormente ejecutado por un tercero, con la escena supuestamente manipulada para simular un suicidio.
Pese a estas afirmaciones, las autoridades oficiales mantienen la conclusión original. La Oficina del Médico Forense del Condado de King y la Policía de Seattle han reiterado que la investigación de 1994, que determinó que Cobain murió por una herida de escopeta autoinfligida, fue exhaustiva y que no existen pruebas nuevas y concluyentes que justifiquen reabrir el caso.
El debate sobre la muerte de Cobain, ya objeto de teorías y especulaciones durante décadas, vuelve así a encenderse con este nuevo análisis, aunque no altera el dictamen oficial vigente.
