Donald Trump no fue a la inauguración del Mundial en su propio país. Es el principal anfitrión de esta Copa del Mundo, los números no mienten: recibirá 78 partidos, en comparación con los 13 que le asignaron a cada uno de sus vecinos, México y Canadá. Aun así, el presidente decidió no estar presente, y nadie hizo aspavientos. En su lugar, el secretario de Estado Marco Rubio fue el encargado de representar al gobierno junto al mandamás de la FIFA, Gianni Infantino.
Ambos, hundidos en sus asientos observaron la ceremonia y el partido de Estados Unidos contra Paraguay, en el estadio de Los Ángeles, un inmueble que apenas hace unos días estaba en duda debido a una huelga de trabajadores.
Trump no asistió y sólo llamó a la selección de su país para desearle éxito en su primer partido contra Paraguay, a quien después le pasaron por encima y le asestaron un 4-1. Durante la llamada, le dijo al entrenador Mauricio Pochettino que era un “tipo fantástico” y le deseó suerte al equipo, afirmando que tenían “una muy buena oportunidad de llegar hasta el final”.
A falta del presidente, también acudieron el secretario de Transporte, Sean Duffy, y el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin. También hubo una pasarela, esa sí abundante, de gente del espectáculo de ese país. El actor Tom Cruise y el ex futbolista David Beckham se sentaron juntos. Ahí andaba el magnate de la tecnología Bill Gates, lo mismo que Paris Hilton.
Al igual que en la ceremonia de inauguración de Canadá, también fue notorio que había butacas vacías. No obstante, justo cuando se realizaba el espectáculo, miles de aficionados esperaban en las largas filas para ingresar al estadio.
El espectáculo abrió con performance musical que hizo referencia a los 250 años de independencia de Estados Unidos que se celebrará el 4 de julio. Enseguida, aparecieron Future y Tyla para interpretar Game Time, mientras que Lisa, integrante de Blackpink, cantó Goals junto a Anitta y Rema. Katy Perry cerró el espectáculo al interpretar Wonder junto al joven artista noruego Tius.
El espectáculo no fue tampoco para registrarlo en un libro de memorias. Apenas un pálido reflejo de lo que acostumbran en el Súper Tazón de la NFL.
Esta celebración, sin embargo, estaba en vilo, pues el martes, el sindicato Unite Here Local 11, que representa a unos dos mil trabajadores del estadio de Los Ángeles, por fin llegó a un acuerdo con los operadores del recinto para levantar una huelga en la que pedían mejoras salariales y garantías para trabajar durante el Mundial sin la presencia del Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) en las inmediaciones de la zona.
Información de La Jornada.
