La inteligencia artificial generativa (IA Gen) está detonando la potencia de los grupos del crimen organizado, que la emplean para hacer los llamados deepfakes y delinquir.
Los equipos tecnológicos del crimen organizado han usado chatbots y agentes de IA para rastrear en redes sociales, servicios de mensajería y sitios web, los perfiles de gente que puede ser fácilmente engañada. Los casos de éxito de fraude son altos, al punto que los cárteles están ganando millones de pesos, a veces más de lo que obtienen por la venta de drogas.
Mediante estas tecnologías, los cárteles han logrado replicar voces de familiares o figuras de autoridad con alto nivel de fidelidad acústica, lo que ha permitido montar escenarios de secuestro, emergencia médica o coerción judicial.
LA SOMBRA ALGORÍTMICA DEL CRIMEN ORGANIZADO
Tu esposa, tu hermana, tu pareja o tu madre, un familiar directo, ha recibido una llamada con tu voz, o inclusive una videollamada con tu imagen. En ella, le solicitas dinero, pues has sido secuestrado, o tal vez tuviste un accidente, te quedaste sin dinero para pagar la renta o la despensa en el centro comercial. Los casos pueden ser muchos, pero el objetivo es el mismo: recibir una cantidad específica.
Todo esto es falso. Grupos del crimen organizado en México, como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) o el Cártel de Sinaloa, han utilizado inteligencia artificial generativa (IA Gen) para usar los llamados deepfakes y delinquir. Lamentablemente, un gran porcentaje de los contactados son defraudados.
Pero no son elegidos al azar. Los equipos tecnológicos del crimen organizado han usado chatbots y agentes de IA para rastrear en redes sociales, servicios de mensajería y sitios web, los perfiles de gente que puede ser fácilmente engañada. Los casos de éxito de fraude son altos, al punto que los cárteles están ganando millones de pesos, a veces más que vender drogas.
Desde su punto de vista, la IA no funciona como gadget, sino como sistema: desde los bots conversacionales que inducen al pago bajo amenaza, hasta los algoritmos que seleccionan víctimas por perfil psicológico, y lo que se observa es una integración sistémica que convierte a la verticalidad en ventaja táctica. La orden no sólo baja en la cadena de mando: se programa.
La tecnología, según el estudio, ha permitido la producción automatizada de mensajes persuasivos, redactados en distintos registros emocionales y adaptados culturalmente. “La capacidad de simular interacciones conversacionales verosímiles –a través de modelos de lenguaje entrenados para sostener diálogos prolongados– ha sido esencial para el desarrollo de esquemas de fraude afectivo y emocional, como el conocido pig butchering”.
Un elemento complementario y particularmente perturbador ha sido la incorporación de sistemas de clonación de voz. Mediante estas tecnologías, los cárteles han logrado replicar voces de familiares o figuras de autoridad con alto nivel de fidelidad acústica, lo que ha permitido montar escenarios de secuestro, emergencia médica o coerción judicial que resultan emocionalmente devastadores para las víctimas.
En el plano visual, la utilización de deepfakes ha comenzado a consolidarse como recurso de alto impacto simbólico. Se han identificado casos en los que se emplean tecnologías de reconstrucción facial y lip-sync automatizado para simular videos de supuestas agresiones, capturas o amenazas.
Los bots conversacionales programados con IA permiten escalar la extorsión sin requerir interlocución humana directa. “Estos bots están diseñados para detectar patrones emocionales en las respuestas de la víctima y ajustar su tono o contenido en tiempo real, maximizando la presión psicológica mediante una lógica de retroalimentación algorítmica”, explica Aguilar.
Excelsior
