Cuando los inspectores del puerto de Hamburgo abrieron un contenedor de mangos procedente de Ecuador y hallaron 25 toneladas de cocaína, pensaron que habían marcado otro récord. Pero el hallazgo, relatado en el último informe del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (EUDA), apenas es la punta de un mercado en rápida mutación. Más allá de la cocaína —que “se mantiene en la cima de las listas de ventas y consumo” con 4.5 millones de usuarios en 2024—, Europa vive un auge sostenido de drogas sintéticas, desde la ketamina “rosa” hasta catinonas y opioides como los temidos nitazenos.
Buena parte del fenómeno se explica por la innovación criminal. Italia, tradicional paso de cocaína, “se ha convertido en el nuevo centro de la ketamina” según la EUDA. La agencia contabiliza un incremento de pacientes que inician tratamiento por ketamina en Bélgica, Alemania e Italia, impulsados por el cóctel conocido como “cocaína rosa”, mezcla de ketamina, MDMA y, al azar, cocaína o anfetaminas. España e Italia notificaron la mayoría de los casos al Sistema de Alerta Temprana de la UE.
Franz Pietsch, presidente de la EUDA, advierte que “las anfetaminas y las drogas sintéticas representan un nuevo desafío” tras registrar 2,3 millones de consumidores de anfetamina y cerca de 10 millones de usuarios habituales en 2024.
¿Por qué Europa ahora fabrica drogas?
Durante años, las nuevas sustancias psicoactivas (NPS) llegaban desde India o China. Eso está cambiando. “Ahora se producen cantidades cada vez mayores de estas drogas sintéticas en Europa”, describe Andrew Cunningham, responsable de mercado de la EUDA en Lisboa. El continente alberga laboratorios de catinonas (Polonia, Países Bajos) y plantas de metanfetamina y MDMA de tamaño industrial. Según datos técnicos de la propia EUDA, seis Estados miembros desmantelaron 53 plantas de catinonas en 2023; 40 estaban en Polonia. En Bélgica y Países Bajos, la policía encontró 36 laboratorios de MDMA en 2023 y cuantiosas reservas de precursores químicos.
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