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Así vivió Morena algarabía en el Congreso de la CDMX

Así vivió Morena algarabía en el Congreso de la CDMX

Como si de una fiesta de fin de año se tratara, ayer la bancada de Morena tuvo un buen rato para platicar con propios y extraños, limar asperezas, tomarse selfies y hasta soltar la carcajada en el pleno del Congreso de la Ciudad de México, antes de que finalmente llegara al recinto la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, para la toma de protesta y todos tuvieran que guardar compostura.

Aunque la cita era a las 9 de la mañana, la ceremonia inició a las 10:05 horas y en ese inter pasó de todo.

Pasadas las 9:18 horas, los integrantes de la bancada de Morena, se empezaron a congregar alrededor de la tribuna para sacarse un foto: estaba Paula Soto, Rigoberto Salgado, Guadalupe Chavira y…hasta convocaron a las diputadas del blanquiazul Margarita Saldaña y Gabriela Salido, que primero no querían salir en la foto, y al final accedieron muy sonrientes.

Momentos después llegó al recinto el gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, quien se acercó a platicar con el senador Emilio Álvarez Icaza.

Unos instantes después llegó al recinto el alcalde de Coyoacán, Manuel Negrete, de quien se dice que se ha distanciado de su otrora padrino, el perredista, Mauricio Toledo, y se está acercando cada vez más a Morena.

Y la oportunidad se presentó sola para robar cámara, pues sólo caminó unos pasos por el pasillo central para saludar a los presentes, saludó a Blanco, y al ver a dos exfutbolistas afamados, los fotógrafos no tardaron nada en pedirles que posaran para la foto, cosa que hicieron sin chistar.

Mientras tanto, en uno de los palcos del primer piso, ajenos al relajo que se traían en el pleno los diputados locales, algunos integrantes del gabinete de Sheinbaum se mostraban un tanto más serios, con un cierto aire de suficiencia o superioridad.

Entre ellos Andrés Lajous Loaeza, secretario de Movilidad; Almudena Ocejo Rojo, secretaria de Desarrollo Social; Jesús Antonio Esteva Medina, secretario de Obras y Servicios.

También en los palcos del primer piso, entre los encargados de la logística, habían dejado muy solito al exprocurador de la Ciudad de México, Bernardo Bátiz, pero rectificaron su error, y lo llevaron a sentarse en los palcos de la planta baja, a un lado de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero; y la presidenta nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky.

Y como en toda fiesta de fin de año, siempre hay alguien que va a regañadientes y se queda en un rincón. Así se veían algunos perredistas sentados en una esquina lejana, justo atrás de las curules, en el extremo derecho.

Al exombudsman de la Ciudad de México, Emilio Álvarez Icaza, se le vio como pez en el agua, dialogando lo mismo con el diputado Guillermo Lerdo de Tejada, que con Cuauhtémoc Blanco. Y hasta José Ramón Amieva, jefe de gobierno saliente, disfrutó del ambiente cordial, y cuando llegó, poco antes de las 9:30 horas, se sacó fotografías con las diputadas Circe Camacho, del PT; y Leticia Varela, de Morena, que se mostraron muy afables.

Poco después de las 11 de la mañana, el auto del presidente Andrés Manuel López Obrador se acercó a Donceles, y no se libró de las decenas de personas que le pedían una selfie, pero las peticiones no terminaron afuera del recinto: una vez en el lobby, los diputados del comité de recepción, entre ellos Carlos Castillo, José Luis Rodríguez de Morena, y Teresa Ramos del PVEM, también buscaban su selfie.

Ya en el interior, el presidente de la Mesa Directiva, José de Jesús Martín del Campo, indicó el momento en que le correspondía a Sheinbaum rendir protesta y ella dijo: “Protesto guardar y hacer guardar la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, y la Constitución Política de la Ciudad de México y las leyes que de ellas emanen, desempeñar leal y patrióticamente el cargo de jefa de gobierno de la ciudad de México, velando en todo momento por el bien y la prosperidad de la unión, y de la ciudad, si no lo hiciere que el pueblo me lo demande”.

Al finalizar estas palabras y recibir la ovación, la expresión en el rostro de ella y de López Obrador era de una enorme satisfacción. En medio de los dos estaba Martín del Campo que, al ver que López Obrador trataba de verla y felicitarla, de plano le dijo al presidente “me quito”.

Acto seguido, se hizo para atrás y López Obrador le dio un beso en la mejilla a Sheinbaum, y en los ojos de ambos se apreciaba el júbilo y la emoción. Ella se había convertido en la primera jefa de Gobierno electa.

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